Having fun in Aruba

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17 jun 2010

Inquisiciones de un Artista

En un intento casi (anti) heroico de volver racional lo irracional y de plasmar lo incomprensible en palpable, se convierte el deseo del escritor de contemplar el amor. Su imaginación pretende encontrar el rosario de palabras, expresiones y sensaciones precisas que encarnen el universo complejo que se despliega luego de la primera emanación de su placer. Se concentra en aquella primera sensación de ser amados e identifica el primer rasgo de este sentimiento, el egoísmo. Así es, el amor es egoísta. Encarna la necesidad de robarle al otro el sentido más básico del ser humano: el deseo absoluto de compañía; denota la incapacidad adquirida de amarnos a nosotros mismos a cambio del aliento de amar a otro por encima del mismísimo ser. Renunciamos a amarnos con tal amar, renunciamos a estar solos y disfrutar de la plenitud en era joven, para convertirnos en esclavos de un sentimiento compartido pero exclusivo, que no permite errores ni enmiendas, que exige y consume, pero que sostiene mentiras y verdades a través del tiempo con exquisitez. El reclamo del artista surge cuando ni él mismo, desde su órbita privilegiada, logra entender el segundo rasgo del amor: el amor es imaginario y por lo tanto, confunde. Se pregunta así, ¿cuál es, por ende, la expresión humana del amor?, mas aún, ¿dónde hay amor?, ¿qué actitud denota amor?. El amor es tan simple que a los ojos de muchos resulta confuso y se etiquetan en las mieles de la repetición. El amor, entonces, no es, aparentemente, lo que es sino lo que nosotros creemos que el otro es para sí mismo y para con nosotros. De esta forma, es amor aquello que generamos como condición de verdad en medio de situaciones reales e irreales impregnadas de un manto de impunidad, pues no somos culpables de los que sentimos, pues sentir no se esquematiza más se evoca al estar preso de una o cierta otra pura humanidad. Así es, que el amor libera. ¿Libera?. El poeta cae ileso a sus pies y el adolescente se levanta erguido en su ser. El amor libera, en su tercera condición, al ser elemento esencial que une errores y conserva virtudes en cuanto se convierte en el arma exquisita de ilustres y mendigos. Dicho así, el amor iguala en humanidad, entendida como placer y dolor, y en ambigüedad como felicidad angustia, pero a su vez divide en cuanto su relación con la verdad y su presencia como motor de existencia.Se sienta, finalmente, el autor, con un lápiz a medio tallar en su mano derecha y a medio envejecer por las lecturas ajenas, no logrando establecer el significado del sentimiento, más si alcanzando el placer de haberlo pensado. Pues para él, lo más difícil no es encontrar, sino buscar.

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