Having fun in Aruba

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27 jul 2010

Eres

No son tus miedos. Ni tus sueños, ni tus deseos. No es el tiempo, el clima, la economía o el gobierno. Eres tú mismo. Tu incapacidad de responder por lo que eres y serás. Porque lo que quieres ser siempre se queda en el quizás. Vive con eso. Tu mismo eres el culpable de tu deceso. No es el número de posibilidades es lo ínfimo de tu lucha. No son las lágrimas las que te impiden ver, es tu propio ego que le aterra el tener que enfrentarse a lo que posiblemente lo obligue a caer. La esperanza la sitúas en el lugar que le corresponde la balanza de tus actos. Esperas que todo cambie, pero jamás cambias tú. Quieres ser el rey del mundo, más no alcanzas ni a ser el plebeyo de tus actos. Tus palabras son una constante divagación en contravía a lo que denominas tu razón de ser. Vas caminando, cayendo, arrastrándote. No hablas, te quejas. No vives, respiras. No haces, esperas. No logras, te lo prestan.Eres un especialista para engañar al mundo, pero reflejas tu déficit en convencerlo. Eres la esperanza de aquellos que dan todo por dar y reciben nada por mediocridad. Eres la medida exacta para desvalorar lo existente y desentrañar el pasado. Eres el camino inequívoco que llevo mis sueños a lo olvidado. Eres la razón que carece de justificación, pues más fuerte son tus pasos que tus palabras, pero más débil es tu esencia que el complejo camino que reniegas y a la vez, extrañas. Eres el remedo de tus ideas, más tu mentira es la copia de tus ideas. Simulas mentir, logras tergiversar; siempre pretendes figurar, nunca logras triunfar.

1 comentario:

  1. No hay otros insignificantes; nadie está más abajo de nosotros mismos; nadie puede darse el lujo de posarse sobre los demás. Tal vez fuese posible si esos otros no pudiesen arrebatarnos un segundo de nuestra existencia; pero el solo hecho de demandarlos una sola de nuestras neuronas para definirlos les otorga su importancia. Vistos desde un positivismo, un poco "cursi" los otros son necesarios para reafirmar nuestro propio valor. Son los errores de los otros los que justifican nuestros aciertos. Quizás, por más que llegásemos a denigrar de ellos, sean ellos, en medio de su triste existencia, la razón de la nuestra.
    Aunque no habría que olvidar a don Alberto cortes: "olvidamos que somos los demás de los demás"

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